La perfección no es tan importante.

10 de enero, 2013 - Opinión - Comentar -

Soy una persona bastante apasionada. Quien me conoce sabe que soy el tonto de las cámaras, los cristales, las luces y la parafernalia que llevan asociados. ¡Cuando me dá por ahí, icluso voy con un chaleco que parece sacado del Battlefield y me atrevo a dejarme ver con él en público!

 

Sin embargo, el tiempo con la cámara y, especialmente, las personas que me rodean, me enseñan cosas que ni están en los libros, ni en las conferencias. Tampoco están en cualquier charla oscura de fotógrafos en una barra del bar de turno. Está en mí mismo, en las razones por las que hago lo que hago. Esas personas me han enseñado que, por encima de la técnica, está el instinto. Y con eso en la bolsa de trucos, hace mucho que aprendí que la búsqueda de la perfección, del control o de la excelencia únicamente pone piedras en el camino del desarrollo y, a la larga, solo crean presiones innecesarias. Siempre habrá una sombra, una luz parásita, un desenfoque inesperado que va a echar por tierra las emociones que deberían provocar una serie de fotografías que a otras personas les pueden parecer fascinantes. Conozco muchos fotógrafos que ni son, ni serán jamás felices con su trabajo porque no ven nada de ellos en lo que hacen. Y, sinceramene, me dá muchísima pena.

 

Me gusta que me hayan abierto los ojos al respecto. Esto me permite salir a la calle con el equipo mínimo en cualquier ocasión y sentirme cómodo y confiado de que podré sacarle partido. Evidentemente, en trabajos profesionales que lo requieran, suelo hacer un despliegue mas aparatoso, pero no hay nada mejor que lanzarse al momento con una cámara, un cristal y un flash de reportaje. Las posibilidades son tantas que cuando me hablan de la fotografía imposible, me dá por pensar que lo imposible es sacar una toma concreta en unas condiciones determinadas. Y si algo he aprendido de las vidas que tengo alrededor es que mejor que obsesionarte es tratar de hacer algo, mejor agotar el resto de las opciones que se tienen al alcance.

 

Haz la prueba. Busca un tema que articule una historia, el que sea, decide lo mínimo que vas a necesitar para llevarla a cabo, carga con la mitad de ese equipo y trata de usar la mitad de lo que has llevado. La técnica se perfecciona con los retos, mientras que las facilidades no hacen más que volvernos complacientes e inseguros. Huye de la perfeción y déjate llevar. Vé, observa y dispara. No puedo decir que sea ese el mejor camino, es el mío y me conozco bien, yo no soy de los que gustan de las decisiones fáciles.

 

Hay que aprender a confiar en las propias habilidades y en la fuerza de la historia que fotografiamos. Llegados a cierto punto, la perfección debería ceder paso al mundo que nos rodea. Hay que saber hacerse a un lado y reconocer cuando no hace falta ni añadir ni cambiar nada en absoluto.

 

La fuerza de una fotografía, muy a menudo está más en la propia historia que retrata que en otra cosa. Estar ahí, observar y permitirle tener el protagonismo que merece, es mi consejo para el reportaje.

El día que el mundo comenzó a tomarse en serio a la Selección Española, un 29 de Junio de 2008, me dieron la opción de fotografiar en donde quisiera, pero escogí hacerlo en la ciudad donde vivo. No únicamente soy apasionado, también soy un sentimental, y Málaga sabe siempre como darme todo lo que necesito.

 

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